
Sentado en la escalinata del parque España, el río solo aparenta ser una sombra, el sol ya se había tomado el último barco pesquero y me saludaba agitando un pañuelo con cara de perro que abandona su cría. Pero poco me iba a durar la orfandad cuando Sandy (la moza del bar de habitué), que justo pasaba por ahí, me toca el hombro, preguntándome si estoy practicando yoga, meditación trascendental o alguna pelotudez de esas o si andaba metido en alguno de “esos” problemas. La invité a sentarse para contarle cual era uno de “esos” problemas que me estaba produciendo una gotera en la cabeza y ya me quedaba sin palanganas.
3 horas duró mi monólogo, contándole que volví a calzarme aquel disfraz de valiente que archivé hace un año y salí a tropezar con Maribel otra vez, aquel tesoro en manos de otro hombre, que se las ingenia para descolgarme las ideas de lo correcto y me enseña a darle sentido a querer verla una y otra vez.
Pero me doy cuenta que tiro por la borda la ley del amante, el no querer a cuenta, sino vas a estar aguardando el impacto todo el tiempo, pero se escapa de mis límites, aparece ella y postergo mis sueños ya vencidos y me lleva en picada a sentir la caída.
Cuando Sandy te escucha con un oído y con el otro sigue dándole marcha a su mp3 es porque no le importa un carajo lo que decís, ahora cuando te mira fijo y te pregunta si querés tener sexo con ella, en tono de broma, es porque estas metido en un quilombo y no sabe qué decirte.
La única solución que se me ocurría era abandonar la ciudad por un tiempo, porque quedarme sería entrometerme un poco mas, cada vez que estamos juntos se me sacude el avispero, pero después tengo que cargar con el aguijón. Y Sandy que siempre fue tan directa con sus consejos, me trató de cagón y me recordó por lo que siempre brindamos en el bar, “ningún marinero se tira al agua, (chin, choque de copas), porque no solo que vamos en el mismo barco sino que todos estamos igual de mareados (chin, choque de copas)”. Eso hizo que considere una estupidez el querer irme, pero ella no sabe lo que se siente estar con una persona y que un llamado de su novio te acorte los placeres, y si sigo viéndola voy a vivir alucinando pero con la rabia intacta, sin saber lo que espero, o acaso espera algo un amante?
Se me volvió a escapar la idea de irme, los ojos de Sandy irradiaban electricidad de odio al escucharme contar que sería lo mejor desembarcar en otro lado, a volver a brindar con gente extraña, a cerrar otros bares y después volver a ver como están los tantos, escudándome en el concepto de que las cosas siempre suceden, las mas hermosas son sin querer.
Todo peatón que andaba por el parque se dio vuelta cuando se escuchó el chasquido de la mano de Sandy impactando en mi mejilla, gritándome que yo de acá no me movía, que voy a hacer en otros bares donde está de moda pasar música de Sabina que sólo hablan de historias de amantes, y casi obligándome a sacarme esa idea de prófugo, me dio lo que para ella es su mejor frase, al final del bien siempre resucitan las penas.
Tomó mi mano, me sugirió que no me haga el canchero que creo tener todas las soluciones, que digo saber el número que va a salir en la quiniela y nunca lo juego, “vení, en media hora entro a laburar al bar, te invito la primer fresca”.
En 15 min. Llegamos, mientras ella se pone el delantal, se van aclimatando las luces, se enfilan las banquetas y confieso sentirme como en mi casa. Afuera comenzó a llover , llegan los chicos que tocan en la banda, y me doy cuenta que estar en el bar un tiempo antes que abra sus puertas, es como ver caminar fantasmas de noches anteriores que pronto convivirán con los nuevos anfitriones de hoy. Sandy trae una cerveza y se queda parada al lado de mi mesa viendo como se abre la puerta, y entra una mujer con movimientos ansiosos, se saca el piloto, lo sacude y lo deja en la primer silla que se cruzó, era Maribel que prácticamente corre hacia mi para abrazarme, Sandy demora en destapar la botella como queriendo escuchar algo, creyendo que me había dejado en claro que no debía irme de la ciudad, que había tirado por la borda mi única idea de solución, sorpresa se llevó, cuando en un solo movimiento corrí la silla para atrás y me paré, tomé a Maribel de los dos brazos, “tan solo resulta que no resulta”, un beso y me fui silbando bajito, antes de cerrar la puerta con un grito suave le pedí a “Tuqui dedos de papel” que con su piano toque mi tema preferido.
Mari desconcertada, que había ido por otra noche con gusto a placer de amantes y que a veces resulta ser el mas sincero placer, sin entender lo que sucedía la mira a Sandy buscando alguna cara cómplice o explicación, a lo que la moza mas antigua de este bar , demostrando una noche mas ser la sabia del lugar, le responde, no te preocupes , no importa cuanto se pueda alejar de la realidad él siempre vuelve, pasada la sudestada ya se va a comunicar.




